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miércoles, 27 de noviembre de 2013

MI PRIMERA SUBIDA AL TEIDE


http://blog.telefericoteide.com/mi-primera-subida-al-teide-a-pie/


Corría el año de 1982, cuando los miembros que formamos el club de marcha del instituto Padre Anchieta de Taco, decidimos realizar una excursión al Teide de dos días, pernoctando en el refugio de Altavista.  Cien pesetas costaba quedarse en el refugio.

Todo comenzó como una idea, que no tenía mucho futuro, pero poco a poco fue fraguando y al final estábamos apuntados una veintena de compañeros de varios cursos y tres profesores.

Una vez que estaba todo previsto, nuestro querido conserje “Charli”  se encargó de gestionarnos la contratación del micro que nos subiría desde el instituto hasta la pista de Montaña Blanca, donde iniciaríamos nuestro ascenso al Teide.

Ya de por sí el trayecto en el micro fue una aventura y una fiesta, para muchos de nosotros era la primera vez que subíamos al Teide caminando y era toda una expectación como sería la noche en el refugio de Altavista. Durante el camino íbamos planeando lo que haríamos cuando estuviésemos allí.
Sobre las 10 de la mañana comenzamos a caminar por la pista de Montaña Blanca, teniendo la primera parada prevista en los huevos del Teide. Descansamos, almorzamos y poco a poco en grupos de cuatro  o cinco fuimos iniciando la marcha hacia Altavista.





Unos mejor que otros, fuimos subiendo por el sendero, hasta llegar al refugio. Una vez allí, se te subía la moral, se te quitaban todas las fatigas y se olvidaba el sufrimiento de la subida. Para un grupo de chicos y chicas de 16 y 17 años no estaba mal la azaña de subir por primera vez el Teide. Los primeros lo hicieron en 2 horas, recuerdo que yo tardé cuatro y otros compañeros bastante más.

Al atardecer, calentamos nuestro caldo de sobre en la vieja cocina de hierro fundido que existía en el lugar para cenar algo caliente, junto con el bocadillo de chorizo.


Cuando nos abrieron las habitaciones, para acostarnos, que sorpresa, las camas tenían forma de nichos de madera, recuerdo que sentí un cierto rechazo a dormir allí dentro, pero luego cuando te acostabas dentro del saco de dormir, perdías la sensación inicial.

Bueno dormir, fue imposible hacerlo,  entre unos y otros, nos pasamos toda la noche en vela.  

Ya de madrugada, sobre las 5 aproximadamente nos levantamos y tras tomar algo caliente, iniciamos la marcha hacia el Pico del Teide. Salimos en varios grupos. Hacía un frío espantoso, que a cada minuto se sentía más, especialmente porque algunos no llevamos la ropa adecuada.

 No fui capaz de llegar al mirador de La Fortaleza, a mitad de camino  me volví al refugio junto con algunos compañeros. El resto continuó su viaje hasta el Pico, viendo amanecer desde allí.

Cuando regresaron del pico, con la muestra de los efectos del frío y el azufre en sus caras, nos contaron su experiencia sobre el amanecer que se divisa desde el punto más alto de la isla. A medida que lo iban relatando,  la rabia me inundaba por no haber sido capaz de subir hasta el mismo pico, prometiéndome a mí mismo que lo volvería a intentar lo antes posible; no obstante aquel día disfruté del amanecer desde Altavista, que tampoco estaba mal.


A media mañana bajamos nuevamente  hasta el cruce de Montaña Blanca, para regresar en el micro hasta el Instituto.


Fotos: Juanca Viera y  José Eugenio Aguilar Rodríguez.

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