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martes, 24 de diciembre de 2013

MI PRIMER VIAJE EN EL TELEFÉRICO

En 1980, Aprovechando que teníamos en casa unos amigos alemanes que habían venido a pasar sus vacaciones con nosotros, hicimos una excursión a las Cañadas. Salimos de Güímar y subimos por la carretera de La Esperanza.

326En el mirador de La Crucita hicimos nuestra primera parada para ver nuestro Valle desde las alturas. La siguiente para fue en la curva conocida como la tarta, donde nos comimos los bocadillos, mientras nos hacíamos las fotos delante de aquella pared de rayas de colores, que hasta unos años después no supe porqué era así.

Nos subimos al coche y seguimos hacia el Teide, haciendo varias paradas. Colores rojos, negros, blancos, que curioso era aquel paisaje. Una pregunta salía detrás de otra, muchas incógnitas a resolver planteaba aquel entorno.

Al llegar al cruce de acceso a la estación del teleférico, una nueva curiosidad, una gasolinera en el Teide, no terminaba de entender que hacía allí.

Tras una larga cola, compramos nuestros tickets y nos dirigimos pacientemente a la zona de espera
para acceder a la cabina.


Subimos en aquella especie de caja roja que colgaba de un cable, que curioso, como funcionará esto me preguntaba. Se puso en marcha y comenzaron los primeros suspiros de algunos viajeros al balancearse la cabina. Mi amigo y yo, nos reíamos con los gestos y expresiones de las personas que llenaban la caja. Al pasar por las torres, algún que otro grito y alguna expresión del tipo “uuuuaaaaauuuu” se oía así como risas. Cuando llegamos y nos bajamos, algunas personas suspiraron.




No teníamos edad para apreciar lo que estábamos viendo, pero siempre recordaré el frió que hacía a pesar de estar en verano y el cielo despejado. No fui capaz de llegar al Pico, a mitad de camino del sendero Telesforo Bravo, regresé con mi amigo a la estación, donde nos esperaban nuestros padres.

Siempre recordaré los balanceos de la cabina en las torres, la cara de algunos de los pasajeros, una mezcla entre susto y disfrute, o a mi madre, todo el viaje diciendo, “no me vuelvo a subir más”.


Artículo publicado en el Blog del Teleférico del Teide con el cual colaboro.

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