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jueves, 2 de enero de 2014

EN FERROCARRIL AL TEIDE

A pesar de que habían trasnochado, nos levantamos temprano, con la ilusión de visitar el Teide y comprobar por nosotros mismos la veracidad de las informaciones que nos habían dado sobre los maravillosos paisajes que se divisan  mientras asciendes hacia el volcán.

Nada más desayunar, nos dirigimos caminado por las adoquinadas calles de Santa Cruz hacia la estación del ferrocarril que está en la parte más alta de la ciudad. Compramos los billetes, y nos apresuramos a subir, ya que se aproximaba la hora de partida.

La primera parte del trayecto era una mezcla de zonas agrícolas y viviendas, en las que podíamos apreciar como los lugareños llevaban a cabo las tareas del campo. Al llegar a las primeras llanuras, le preguntamos a unos señores que iban sentados en el los asientos contiguos sobre que zona de la isla era aquella, indicándonos que ya estábamos a las afueras de la Laguna. Mirando a nuestra izquierda allí estaba la ciudad, destacando varias torres que supusimos eran de las iglesias. 

El tren tras una breve parada en la estación, continuó su marcha hacia la Esperanza, donde pudimos ver como el paisaje iba cambiando, se alternaban terrenos de labranza con pequeños bosques de eucaliptos y casas dispersas.

El tren continuó su camino ascendiendo entre pinos, hasta que en un momento dado comenzamos a sortear pequeñas montañas y picachos entre los cuales podíamos divisar los verdes valles de Güímar  y la Orotava. Entonces fue cuando se hizo realidad todo lo que nos habían comentado sobre la grandeza de lo que veríamos, es más, se habían quedado cortos en sus opiniones.

Alternando vistas a un valle y otro, llegamos a la estación que enlaza la línea del ferrocarril con el tren del norte, el que va desde Santa Cruz a La Orotava,  a través de un funicular. Paramos unos minutos para que diera tiempo a subir a los viajeros que esperaban en la estación, teniendo la mayoría apariencia de turistas como nosotros.



Continuamos viaje sin poder dejar de mirar por las ventanillas, y de repente allí estaba el Teide, destacando entre todo el paisaje. Avanzamos entre coladas, cráteres y plantas que nos resultaban desconocidas, hasta llegar a un lugar de color blanco, que contrastaba con los rojos y negros brillantes del entorno, averiguando posteriormente que eran las minas de San José.

Por fin, tres horas después de iniciar  la marcha en Santa Cruz, llegamos a la estación final, donde cogiendo otros trenes más pequeños, se podía ir a Guía de Isora o Vilaflor. Caminamos por los alrededores de la estación, para disfrutar del entorno antes de coger el funicular que nos llevaría hasta la cima del Teide.

Compramos nuestros billetes para el funicular y nos pusimos a la cola para iniciar nuestro ascenso. Por suerte no tuvimos que esperar mucho, ya que llegamos en el primer ferrocarril que subía hasta el Teide.


A medida que íbamos ascendiendo, el paisaje que se divisaba era más espectacular, cuando de repente alguien dijo “Mira La Gomera, y La palma” a lo que alguien respondió “lo que se ve  en la lejanía, ¿no es el Hierro? Efectivamente, eran las tres islas.

Mirando hacia nuestra izquierda podíamos ver también Gran canaria. Al bajarnos de la cabina, nos quedamos sin palabras, era indescriptible lo que estábamos viendo. Decidimos quedarnos sentados sobre unas rocas y disfrutar el momento.

Durante el regreso a Santa Cruz, no parábamos de comentar lo que habíamos vivido, las sensaciones que habíamos experimentado. Un día que nunca olvidaremos.

Relato de ficción que bien puso haber sido una realidad si el proyecto de ferrocarril de 1912, conocido como “Ferrocarril Central para Tenerife” se hubiese llegado a construir.

EL PROYECTO

En el año 1912 el ingeniero Juan José Santacruz había concebido un proyecto de ferrocarril que tenía como fin unir el Teide con Santa Cruz de Tenerife por su línea principal y con la Orotava, Vilaflor y Guía de Isora con tres ramales secundarios.
El trazado principal propuesto se inicia en Santa Cruz, en la parte alta de la ciudad, junto a la estación de llegada del funicular que se pretendía instalar para unir este punto con el centro y puerto.


Una vez superadas las pendientes hacia el Valle de La Laguna, las vías lo atravesarían por la parte Norte hasta llegar a Los Rodeos. Continuarían su trazado por los llanos que rodean La Esperanza para luego ascender hasta Las Cañadas bordeando los picachos de las cumbres, alternando la parte norte con la sur, ajustándose al terreno. Atravesaría los picos de Ayese e Ygeque, punto en el por medio de un funicular o ferrocarril de cremallera enlazaría con el ferrocarril a La Orotava.

Entraría en Las Cañadas por el Portillo, avanzando hacia el Teide por  Montaña Rajada, siguiendo por las llanuras de la Caldera hasta llegar a las faldas del volcán por su cara suroeste, donde finalizaría esta línea principal, que enlazaría con Vilaflor y Guía de Isora con sendos funiculares o cremalleras.

La ascensión del Teide se realizaría desde este punto por medio de un ferrocarril de cremallera o funicular, que salvando las pendientes, trasladaría a los visitantes hasta el mismo pico.


El Ayuntamiento de Santa Cruz acordó remitir al Presidente del Consejo de Ministros una solicitud de declaración de interés estratégico para este proyecto, destacándose como uno de los factores de interés las ventajas que aportaría al desarrollo turístico de la isla.

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