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martes, 13 de noviembre de 2012

ANTONINO SUÁREZ SAAVEDRA

HISTORIA DE UN TAGANANERO TELEGRAFISTA, INGENIERO ELÉCTRICO Y DIVULGADOR


QUIEN ERA

Antonino Suárez Saavedra fue uno de los más destacados profesionales de la telegrafía eléctrica española del siglo XIX, a la que se dedicó como funcionario del Estado,  prácticamente desde sus comienzos en la década de los años 1850. Suárez fue también uno de los técnicos pioneros de las nuevas aplicaciones de la electricidad que sucesivamente se desarrollaron y generaron un incipiente sector, especialmente en Cataluña, en telefonía, alumbrado y transmisión de energía a distancia. Escritor prolífico, no carente de brillantez, sus libros y artículos sobre asuntos técnicos y profesionales tienen casi siempre una considerable carga de opinión e ideología que los hacen muy estimables para conocer el lado humano de nuestra ingeniería eléctrica de entonces. Sólo la escasez de estudios sobre la historia de las telecomunicaciones españolas puede explicar que hoy Suárez sea poco menos que desconocido. En esta comunicación, avance de un trabajo más ambicioso en preparación, se presenta primero un resumen de su biografía y se esbozan después algunos aspectos relevantes de su actividad y personalidad.


BIBLIOGRAFIA
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Nació en Taganana (Santa Cruz de Tenerife) el 6 de abril de 1838. Educado por un tío suyo, cura en esa localidad, y protegido por otro, hermano de su padre, Gregorio Suárez y Morales, que fue Jefe del Negociado de Telégrafos en el Ministerio de la Gobernación y después diputado de las Cortes Constituyentes del bienio progresista 1854-56, se empleó primero, a los dieciséis años, como cajero de la Tesorería de Hacienda en Santa Cruz de Tenerife y después se trasladó a Madrid, donde ingresó en la escala subalterna facultativa del Cuerpo de Telégrafos el 5 de febrero de 1856 (con 18 años de edad), un año después de la entrada en servicio de la primera línea telegráfica eléctrica del Estado, entre Madrid y la frontera de Irún. La aspiración de Suárez, o la de su familia, era el ingreso en la Academia de Estado Mayor del Ejército, pero el fracaso de la Revolución obligó a su tío a regresar a Canarias y él, al quedar solo, decidió abandonar los estudios militares y pedir el traslado fuera de Madrid, siendo destinado a la estación telegráfica de Calatayud, donde se presentó el 3 de marzo de 1857. Iniciaba así una carrera “periférica” en la Administración, que le llevaría siempre lejos de la Dirección General del Cuerpo y de su núcleo de poder e influencia, y en la que permanecería en activo hasta su muerte. Suárez sólo estuvo unos meses en Calatayud, y enseguida fue destinado a Zaragoza, inaugurando así una etapa de incesantes traslados, doce en nueve años escasos.

A este agitado periodo pertenecen unas pruebas fallidas de telegrafía sin hilos en Zaragoza (en el año 1857), que podrían ser las primeras experiencias de radio “avant la lettre” en España.

En 1959 contrae matrimonio, que según todos los indicios, resultó otro fracaso.

Los primeros artículos técnicos datan de 1861, publicados en la recién nacida Revista de Telégrafos.

Su primer libro lo escribe en 1862, Guía del subalterno facultativo de Telégrafos del Estado, que no pudo publicar por falta de recursos económicos, al no recibir la protección oficial que solicitó; su primer encuentro con Barcelona fue en 1862, cuando fue destinado a inaugurar la estación telegráfica de Mataró (1 de enero de 1863)... y el cólera, cuya terrible epidemia le sorprendió siendo responsable de la estación de Alcañiz en el verano de 1865, motivando su comportamiento durante esos días difíciles que se le dieran oficialmente las gracias.

El 9 de enero de 1867 comenzó para Suárez un periodo de seis años de estabilidad profesional, como Jefe de Servicio de Telégrafos en Zaragoza. Lo aprovechó para realizar en la Universidad la mayor parte de los estudios de la licenciatura de Ciencias Exactas, desarrollar un telégrafo de cuadrante de su invención, que presentó a la Exposición Aragonesa (1868), publicar un folleto titulado Apuntes sobre la cuestión religiosa y, sobre todo, escribir y publicar un Tratado de telegrafía (1870). Una carta suya en el periódico de Madrid La Época de 28 de julio de 1868, defendiendo la calidad del servicio telegráfico como condición necesaria para una “rentabilidad” que ya comenzaba a obsesionar a los políticos, puede indicar que también en esta época inició Suárez sus reflexiones sobre los que hoy llamaríamos política de telecomunicaciones. Más que el propio telégrafo de cuadrante, mención honorífica en la Exposición, es interesante la motivación de Suárez al construirlo, pues pensaba en una extensión de la telegrafía al ámbito privado, incluso al familiar, que se vería favorecida por aparatos como el suyo, de sencillo manejo. (Fue el teléfono el agente de esta extensión, muchos años después). La Revolución de Septiembre de 1868 y los encendidos debates que siguieron en las Cortes Constituyentes entre quienes pedían la prohibición de otras religiones que no fueran la católica romana y los partidarios de la simple tolerancia o de la plena libertad de cultos, hicieron que Suárez se pronunciara en los Apuntes en defensa de esta última, pero “con cordura y haciendo justicia a las grandezas del cristianismo y condenando enérgicamente las inauditas torpezas de los que en nombre de la libertad apedreaban a las imágenes, apedreando así a las sagradas creencias de sus padres”1. El Tratado de telegrafía y nociones suficientes de la posta, publicado en dos tomos, uno de texto de 597 páginas en 4º y otro de figuras en láminas, fue el primer libro “moderno” de telegrafía escrito en castellano y tuvo pocos precedentes extranjeros de parecida envergadura. Su adquisición fue recomendada oficialmente por Telégrafos y de él se agotaron tres tiradas.

El 30 de diciembre de 1872 se presentó Suárez en el Centro telegráfico de Barcelona, su nuevo destino, iniciando así una larga y fecunda estancia de más de veinte años en la por entonces única ciudad española con un desarrollo industrial considerable y cuya atmósfera más oportunidades podía ofrecerle para su plena realización personal y profesional. Lo primero que hizo fue terminar sus estudios universitarios, obteniendo el grado de Licenciado en Ciencias, sección de Exactas, y el de Doctor a lo largo de 1873.

Se sabe que también cursó estudios en la Escuela Industrial, pero no llegó a obtener el título de Ingeniero. En 1876 escribió una biografía del Dr. Salvà, en que por primera vez aparecía en toda su extensión la obra del pionero telegráfico barcelonés, consiguió que la Academia de Ciencias de Barcelona editara sus Memorias sobre telegrafía, que permanecían inéditas, y logró que biografía y Memorias fueran enviadas por el Gobierno a una exposición celebrada en Londres, la Special Loan Collection Exhibition, en el South Kensington Museum. Entre 1876 y 1881 Suárez fue comisionado repetidas veces para proyectar y dirigir obras de infraestructura telegráfica, dentro del esfuerzo realizado para reconstruir y mejorar la red en Cataluña después de los destrozos de la última guerra carlista. Destacan, por la novedad técnica que suponían, la instalación de cable colgado en los túneles del ferrocarril y la sustitución de líneas aéreas por subterráneas en la ciudad de Barcelona (1877-80), preconizada por el propio Suárez. A finales de 1877 asistió a alguna de las pruebas realizadas con el teléfono de Bell en la Escuela Industrial y participó en la primera experiencia de larga distancia, utilizando los circuitos telegráficos de la línea militar que unía Montjuïc con la Ciudadela, pasando por la Capitanía General y otras dependencias.

En 1880 y 1882, respectivamente, publicó en Barcelona Historia universal de la telegrafía y Estudio de la electricidad, del magnetismo y del electromagnetismo, dos tomos de un nuevo Tratado de Telegrafía. Suárez proyectaba otros tres para completarlo, pero tuvo que desistir, una vez más por razones económicas. Por estos años debió también trabajar como Director facultativo o Director de los talleres de la Sociedad Telefonía, Fuerza y Luz Eléctrica, creada a finales de 1881, aunque es posible que ya lo hiciera para alguna empresa precedente, y a partir de 1883 o 1884 se independizó y abrió un establecimiento propio denominado La Eléctrica, dedicado a proyectos y construcciones eléctricas y venta de aparatos, que se mantuvo hasta fines de 1890.

Suárez, que hasta entonces había publicado artículos técnicos y profesionales solamente en la Revista de Telégrafos de Madrid, inició en 1884 una sección propia llamada “Revista de la electricidad y de sus aplicaciones” en la recién nacida revista semanal de Barcelona Industria e Invenciones. La sección, que incluía noticias nacionales y extranjeras sobre nuevos inventos y aplicaciones, y opiniones y comentarios del autor, se mantuvo hasta 1888. También publicó una sección similar, pero sólo durante el año 1885, en Crónica Científica, la revista mensual que publicaba en Barcelona su antiguo jefe en Telefonía, Fuerza y Luz Eléctrica, Rafael Roig y Torres.

A finales de 1886, coincidiendo con el inicio de operaciones de la Sociedad Española de Electricidad como empresa concesionaria de la red telefónica de Barcelona, Suárez fue nombrado Delegado del Gobierno para la inspección de la misma, un puesto sin competencias ejecutivas en el que permanecería cuatro años, que no le acarreó más que sinsabores y que no pudo recaer en persona que menos lo deseara, pues él era un reconocido partidario de que el servicio telefónico fuera establecido y explotado por el Estado y, además, estaba al tanto de las carencias y problemas de la Española.

Desde Industria e Invenciones Suárez siguió con atención y creciente pesimismo los largos preparativos de la Exposición Universal de Barcelona, finalmente celebrada en 1888. No obstante su escepticismo sobre el interés científico de estos certámenes, que por entonces empezaban a proliferar, y las deficiencias concretas de planificación y gestión que él, como cualquier persona informada, pudo observar en el de Barcelona, al final pudo más su pragmatismo y participó decididamente. Presentó teléfonos, un sistema telegráfico dúplex de su invención y los dos tomos de su Tratado, obteniendo medalla de plata; formó parte de una Comisión del alumbrado eléctrico en la Exposición, nombrada por el Alcalde Rius i Taulet, junto con cuatro ingenieros industriales, dos de los cuales se reconocen hoy como adelantados de la electricidad en España, Francisco de Paula Rojas y Caballero Infante y Narcís Xifra i Masmitjà; tomó parte en el Congreso de Ingeniería con una ponencia sobre la necesidad del control técnico gubernativo de las instalaciones de pararrayos; y, sobre todo, escribió “La electricidad en la Exposición Universal de Barcelona”, una completa descripción de todo lo presentado en este campo en la feria, que publicó por entregas en 1888-89 en la Revista de Telégrafos, La Electricidad e Industria e Invenciones y en 1889 en su propia revista Anales de la Electricidad, además de en forma de libro en Barcelona (1888). Sobre el mismo tema versó una conferencia pronunciada en el Ateneo Barcelonés en 1889. Suárez debió ser un miembro activo de esta institución, para cuya Junta de la sección de Ciencias Exactas y Naturales fue elegido el mismo año y en la que ya en 1884 había ofrecido un ciclo de tres conferencias sobre “Significación, pasado, presente y porvenir de la telegrafía”.

En 1887 su preocupación por el estado del Cuerpo de Telégrafos, que ya en 1883 había descrito como “un ejército fatigado y trabajado que marcha por áridas y asoladas llanuras, dejando tras sí una estela de desertores y rezagados”3, le llevó a proponer en la semi-oficial Revista de Telégrafos la celebración de una fiesta anual de confraternización de los telegrafistas españoles. La idea fue acogida con entusiasmo por muchos de ellos y autorizada por la superioridad, que estableció la fecha del 22 de abril, aniversario de la creación del Cuerpo. La primera conmemoración tuvo lugar en 1888 en Barcelona, pero no en Madrid. En años sucesivos la fiesta se fue generalizando y contribuyó grandemente a la popularidad de Suárez entre sus compañeros. 546778_3582809262671_1766742810_n

En 1889-90 publicó en Barcelona su propia revista, Anales de la Electricidad, con periodicidad quincenal. Aunque firmó en ella muchos artículos, seguramente fue autor, como era habitual en estos casos, de bastantes otros y, en cualquier caso, determinó completamente la orientación de la publicación, dedicada a todas las aplicaciones de la electricidad, incluida la telegrafía. Desde sus páginas sostuvo una polémica con los Ingenieros Industriales de Barcelona, motivada por la creación de la Escuela de Ingenieros Electricistas de Ultramar, a la que éstos se opusieron corporativamente. Este Ministerio, el de Ultramar, y en particular su Director General de Administración y Fomento, Eduardo Vincenti, antiguo telegrafista, decidió hacer en el ámbito de su competencia, las colonias, lo que el Ministerio de la Gobernación no hacía en el suyo, la metrópoli, elevar el nivel profesional de sus funcionarios telegráficos mediante una Escuela superior. Para redactar el plan de estudios y el reglamento de la Escuela de Ultramar se nombró en febrero de 1890 una Comisión en la que figuró Suárez junto a otros ilustres telegrafistas. Esta Comisión terminó sus trabajos en Madrid en abril y los resultados vieron la luz en la Gaceta, pero a los pocos meses la Escuela se suspendió. En el mismo año presentó una Memoria al concurso convocado por la Real Academia de Ciencias de Madrid sobre el tema “Historia crítica de los estudios realizados en España sobre la electricidad y sus aplicaciones a la telegrafía”.
 
El 28 de octubre de 1890 Suárez fue promovido a Director de 1ª clase de Telégrafos y tuvo que buscar una vacante de su nueva categoría, que en Barcelona no debía existir. Cerró, pues, su negocio, La Eléctrica, del que parece salió endeudado, suspendió a fin de año la publicación de los Anales y eligió como destino su tierra natal, Canarias. No llegó a ponerse en viaje, pues su traslado se dejó sin efecto el 17 de febrero. Dos meses después fue uno de los cuatro  comisionados especiales nombrados por Telégrafos para inspeccionar las nuevas construcciones de líneas y estaciones telegráficas y telefónicas, adjudicadas mediante subasta. A él le correspondió el cuadrante Nordeste de la Península y, manteniendo su residencia en Barcelona, viajó incesantemente por su zona, comprobando la sistemática realización deficiente de los trabajos, por lo que llegó incluso a negarse a recibir en 1892 la nueva línea telegráfica de Madrid a Barcelona, no se sabe con qué consecuencias.
 
Inmediatamente después de suspender los Anales, que absorbieron toda su producción, Suárez reanudó su colaboración con Industria e Invenciones, que se prolongó hasta 1895, dos años después de su marcha definitiva de Barcelona.
 
Resucitó su antigua sección, con el nombre abreviado de “Revista de la electricidad”, aunque ya no como exclusiva suya sino sólo con su participación, y envió numerosos artículos. Igualmente siguió escribiendo en la Revista de Telégrafos hasta su desaparición a finales de 1892, y también lo hizo en los nuevos periódicos profesionales de Madrid, como El Telegrafista Español (aparecido en 1889), El Telégrafo Español (1891-92) y, posteriormente Electrón (aparecido en 1896).

fallecimiento
En 1892 interviene con Don Amado Zurita en la polémica surgida al finalizar el plazo para la concesión del cable telegráfico submarino con Canarias.

En 1893 fue destinado a mandar la Sección de Telégrafos de Bilbao y en 1896, al ascender a Jefe de Centro, se le encargó del de San Sebastián. En 1894, 1895 y 1897 la superioridad, que debía estar entonces particularmente sensibilizada, pues Suárez en sus críticas nunca había tenido pelos en la lengua, le hizo objeto de tres expedientes, con resultado de “amonestación”, “severa” en los dos primeros. El de 1894 fue motivado por un artículo, “El cable de Tenerife a Cádiz”, que escribió en el Diario de Tenerife de 13 de enero. De la disposición de Suárez en aquellos años puede dar idea su aseveración, aparecida en un artículo de Industria e Invenciones, de que los Gobiernos “parecen nacidos de los elementos sociales donde la inteligencia es nula”.

Los días 6 y 9 de marzo de 1897 dio en el gran, salón del local ocupado por la Sociedad de Bellas Artes de San Sebastián (Guipúzcoa) unas notables conferencias sobre la electricidad y sus aplicaciones, por invitación de la Junta Directiva de la expresada Sociedad. Según recoge la prensa de la San Sebastián fue muy aplaudido y felicitado.

Suárez murió en San Sebastián el 28 de febrero de 1900, tras una corta enfermedad.

Era Comendador de la Orden de Isabel la Católica y Socio corresponsal de las Sociedades Económicas de San Cristóbal de la Laguna y Santa Cruz de Tenerife.

Fuentes:
  • Quaderns D’historia de L’enginyeria volum V (2002-2003) - Jesús Sánchez Miñana - Páginas 163-166. (de esta publicación se ha tomado casi la totalidad del texto).
  • La telegrafía submarina en España.
  • Revista de Telégrafos.
  • Web Ingeniatic.
  • Foto: Web Web Ingeniatic.
  • Revista Gente Nueva (recorte Necrológica).
  • Foto de Taganana (Casa donde Nació). Cedida por Onelia Morín.
  • Periódico L aOpinión (1897).
Nota: esta bigrafía se ha elaborado con la colaboración de otra Tagananera: Onelia Morín Siverio.

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