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viernes, 10 de abril de 2020

RELATOS: DESCRIPCIÓN DE UNA ASCENSION AL TEIDE DE UNA SEÑORITA DE GRAN CANARIA - 1860

En varias publicaciones (ver fuentes al final del artículo) hemos encontrado publicada una carta que escribe una señorita de Gran Canaria que describe su ascensión al Pico del Teide realizada en 1860 (posiblemente en octubre).

El texto comienza con una introducción del periódico.

Desconozco de quien se trata ya que en ningún momento lo dice y después de una ardua búsqueda en prensa y documentos históricos, no hay ninguna referencia que apunte a quien pudiera ser.

A continuación transcribimos la publicación de forma integra.

"Una señorita, perteneciente a una de las familias más distinguidas de la Gran Canaria, escribe a una amiga suya, residente en España, una interesante descripción de su subida al Teide, más conocido en el mundo con el nombre de Pico de Tenerife. De esta carta extractamos lo siguiente, sin alterarlo en lo más mínimo:"
“En Tenerife estuve una semana. Hoy hace dos meses que bajé del Teide. Este si que es viaje curioso. Se sale de la Orotava, o mejor dicho salimos a las once de la mañana a caballo. Descansamos a las tres para comer, y continuamos subiendo por aquellas zonas hasta las seis, que llegamos a la base del Teide. Continuamos hasta la “Estancia de los Ingleses”, y al subir aquella primera parte, se nos presentó una vista sorprendente. Veíamos muy clara la Gran Canaria y detrás de esta isla estaba la sombra del Teide, formando otra isla en un horizonte de color púrpura y carmín, que parecería, visto en un cuadro, capricho de un pintor. Esta es sin duda la que veían antiguamente, y a que dieron el nombre de “Samborondón” y decían que estaba encantada, porque no podían llegar a ella. En la Estancia pasamos la primera parte de la noche. Dormimos sobre unos felpudos, envueltos en mantas y al abrigo de una gran piedra. 
Así estuvimos hasta la una y media de la noche, que avisó el práctico debíamos continuar las ascensión. Seguimos a caballo otra cuesta muy pendiente, en que andaban los pobres animales con tanto trabajo, que a los pocos pasos que daban tenían que parar. El “Altavista” dejamos las caballerías. Allí se encuentra la última vegetación, que es retama, única planta que hay en aquellas cumbres más próximas al Teide. A las tres en punto empezamos a subir a pie por un “Malpaís”, casi todo cubierto de piedras movedizas. Íbamos cada uno con un guía, y precedidos por el práctico que tiene marcado el camino con montoncitos de piedras. Así íbamos trepando por aquellas piedras del mejor modo posible, y sin dejarnos descansar, pues apenas nos parábamos para tomar aliento, nos hacía el práctico tomar licor o aguardiente que allí parece agua, y continuar andando para que no se enfriara el cuerpo. Concluido el “Malpaís” subimos el “Pilón de azúcar”, última parte del Pico, que es la más penosa, pues además de ser muy pendiente, es de zahorra y piedra pómez, y se resbala tanto, que se pierde la mitad del paso que se da. Pero al fin a las cinco llegamos a la cima. F. me acompañaba, y cuatro primos. Estos iban atrozmente mareados. F. y yo tuvimos la suerte de no marearnos, cosa muy rara, pues dicen que casi todos sufren esta molestia, causada por los gases y el aire tan ligero que se respira. 
En efecto, hay arriba un olor sulfúreo tan fuerte, que me recordó cuando estuve en la fuente sulfurosa de Enghien. Además, hay un contraste de calor y frío muy raro. Cuando llegamos a la cima, empezaba a amanecer. El crepúsculo y el sol los vimos casi al mismo tiempo; y lo más admirable era ver por el Oriente, por el lado que se sube, el Teide de día claro, y por el Occidente, donde está el cráter, de noche cerrada, y alumbrado por la luna que se ocultaba. El cráter está cubierto de azufre. Yo me subí a la piedra más alta; el práctico me advirtió que allí hacía mucho frío; y en efecto, antes de tres minutos tuve que bajarme. La espalda creía que se me helaba. Me puse al abrigo de aquellas piedras, cuando siento que se me quemaba un pie. Salté al momento, y era un chorrito de humo de los muchos respiraderos que allí hay, que salía junto a mí; y si no lo siento tan pronto, me quema el vestido. Tenerife estaba cubierto con la bruma que se extendía formando un lindo algodonado. Por el inmenso horizonte que se ve de aquella altura, y saliendo de en medio, se veían la Gran Canaria, La Palma, parte de La Gomera y la costa de Fuerteventura. Las otras islas no pudimos ver. Pero era magnífico verse una a la respetable altura de 13.333 pies sobre el nivel del mar y mucho más alta que las nubes; pues estaban más bajas que la base del Teide. 
Allí recogí piedras de azufre cristalizado muy lindas. A las seis empezamos a bajar, pues el calor era muy fuerte. Entonces ví los precipicios por donde habíamos pasado aquella noche. Fuimos a ver un respiradero que hay en la base del “Pan de Azúcar”, que es un cráter del último volcán que reventó y está cubierto de nieve; y por delante sale un chorro de humo, mayor de que los de la cima. Hace ruido al salir como agua hirviendo, y los gases producen un líquido que mantiene húmeda aquella parte, y con musgo la gruta por donde sale. Al concluir de bajar el “Malpeis”, estuvimos en la “Cueva del Hielo. Es un estanque cubierto [se ve por encima], todo lleno de hielo, y en el fondo, encima de este, hay unas dos varas de agua: el techo parece un trabajo gótico. Hay más adentro otra cueva formada por un arco de hielo que llaman “La Capilla”. Debe ser magnífico pero no lo vimos, porque es necesario bajar y es peligrosa. Continuamos a pie hasta la base del Teide, y allí en Las Cañadas, seguimos a caballo [eran las diez], hasta las tres de la tarde que llegamos a La Orotava. Esta es la descripción de mi viaje que supongo leerás con gusto”.


Fuente: La España, 27/12/1860 - número 4.415


FUENTES:

  • La Correspondencia de España, 26/12/1860 – número 837
  • La España, 27/12/1860 - número 4.415
  • La Esperanza 28/12/1860 
  • El Isleño – (Islas Baleares)  06/01/1861 – Número 1210
  • El Correo de Lugo -  20/02/1861 – Número 55
  • El Correo de Mallorca – 05/01/1861 – Número 668

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